ARMAS DE ESTUDIO Y PRACTICA DE LA ESCUELA

Para la Escuela “Francisco de Ettenhard”, tan importante es la práctica  como el estudio del arma en sí y del momento histórico en el que esta aparece.

A continuación tenéis una breve explicación, morfológica e histórica de las  armas con las que practicamos.

ESPADA ROPERA:

La espada ropera es el arma que instintivamente asociamos a nuestro Siglo de Oro como parte de la vestimenta de un gentilhombre: su cruz, de largos y delgados gavilanes, su guarnición, de taza, conchas o lazo, su hoja, larga y estrecha, dotan al conjunto de una elegancia notable y un equilibrio que cualquier persona dotada de un mínimo gusto estético no puede dejar de admirar. Su periodo de máximo esplendor podríamos situarlo entre 1.525 y 1.675, aproximadamente, siendo reemplazada progresivamente por el espadín típico del siglo XVIII, de origen francés.

No obstante su belleza, estamos ante un arma auténticamente letal, y extremadamente adaptada al combate real en duelo. La espada ropera está adaptada a un estilo de esgrima propio, que está en el origen de la esgrima posterior para espadín, e incluso de las del florete y espada deportiva, pero con su propia dinámica y necesidades ofensivas y defensivas, lo que la hace muy diferente en su práctica.

Conforme evolucionaba la esgrima hacia un uso cada vez mayor de la punta, se hizo necesaria una mayor protección de la mano, por lo que entre los anillos de la guarnición de lazo se añadían con frecuencia chapas metálicas (conchas). Con el tiempo estas conchas estaban formadas por una sola pieza de chapa de hierro o acero bilobulada, que se unía mediante un par de patillas a la cruz. Nacía así la guarnición de conchas, típicamente española, práctica y resistente, y que gozaría de un periodo de popularidad extremadamente largo, pudiendo encontrarse ejemplares entre 1640 y… ¡1790! Su éxito fue grande en ámbitos militares, y los últimos ejemplares que se conocen eran típicamente espadas destinadas a su uso por la caballería.

Para incrementar aún más si cabe la protección de la mano, otras guarniciones prácticamente contemporáneas a las de conchas presentaban no una chapa bilobulada, sino un auténtico casquete semiesférico, que en la práctica tomaba la forma de un bol o taza, sostenido igualmente por un par de patillas. Esta taza, que da nombre a este tipo de guarnición, unida a los gavilanes y el guardamano, ofrecía un nivel de protección máximo de la mano, resultando simultáneamente bastante ligera. Su uso se extendió esencialmente por España e Italia, perdurando hasta bien entrado el siglo XVIII. Es la clásica guarnición que todos asociamos mentalmente a una ropera.

El término “espada ropera” es de origen español, y aparece por vez primera en el Inventario de Objetos perteneciente al Duque Don Álvaro de Zúñiga, en fecha tan temprana como 1468 (según describe J.M. Peláez, en su magnífico artículo sobre la ropera publicado en la revista Gladius). En Francia se habla por primera vez de la espada ropera (la rapière) en documentos de en torno a 1474. Un autor de referencia obligada como Oakeshott, en su libro “European Weapons and Armour”, soporta esta idea e indica que a ya principios del siglo XVI el término estaba bien establecido en Francia, adoptándolo pronto los ingleses como “rapier”.

La espada ropera, sin llegar a ser un arma pesada o incómoda de manejar, no es desde luego el tipo de arma que podemos ver en las películas “de mosqueteros”. En el cine frecuentemente encontramos guarniciones de estilo ropera (normalmente de taza) unidas a hojas de espada de moderna esgrima deportiva, algo más cortas y mucho más ligeras y flexibles que las auténticas hojas originales. La ropera era un arma de dimensiones considerables (algunas hojas superaban holgadamente el metro de longitud) y un peso apreciable (cercano a un kilogramo), por lo que su esgrima debe adaptarse a este hecho. Por ejemplo, las acciones suelen darse en un solo tiempo, dada su mayor inercia intrínseca.

Aun así, una buena pieza de época que mantenga todos su elementos originales (guarnición, puño y pomo) está dotada de un equilibrio tan perfecto que la hace mucho más rápida en la mano de lo que sus dimensiones puedan sugerir a primera vista. El punto de equilibrio de estas espadas suele situarse a unos cuatro dedos de la guarnición, aunque esto es muy variable y depende del uso previsto para cada pieza. Por ello, cuando nos encontramos ante una pieza dudosa, la sensación que nos produce en la mano suele ser determinante a la hora de diferenciar una auténtica pieza del siglo XVII de una reproducción de finales del XIX, pongamos por caso, bella en apariencia pero que en la mano no pasa de ser más que una barra de hierro.

Espada Ropera de Conchas

Espada Ropera de Conchas

Espada Ropera de Lazo

Espada Ropera de Taza

ESPADA ROPERA & DAGA DE VELA:

El uso de la ropera y la daga estuvo muy extendido en la España del siglo XVII, y fue la más importante de las “armas dobles” es decir la combinación de armas más en uso en ese momento histórico. Desplazando al broquel como arma doble civil, pese a ser más elaborada y de construcción necesariamente por un armero (al contrario que el broquel que podía hacerse con escasos medios) debido a la gran efectividad de su uso combinado con la ropera. Siempre acompañada de su compañera era ilegal en España portar daga sin ropera, debido a la relativa facilidad para ocultarla bajo una capa o ferreruelo.

Es especialmente característica de este periodo la daga de vela, por la forma triangular de la protección que cubre la mano, existiendo ejemplos ricamente decorados con elaborados trabajos tanto calados como grabados.

En la AEEA la enseñanza de la esgrima de espada y daga se considera de especial importancia al ser un estilo “característico” de la tradición Esgrimistica mediterránea y española del siglo XVII: Este estilo se imparte a los alumnos cuando tienen ya cierta experiencia en el manejo de la ropera sola, algo imprescindible si se pretende a usar la espada y la daga combinadas de forma correcta y eficiente.

Espada Ropera & Daga de vela

ESPADA ROPERA TEMPRANA S.XVI (PUNTA & CORTE)

Es importante señalar que al menos en el siglo XVI una espada ropera no era tan sólo un arma para su uso exclusivo de punta, con hoja se sección estrecha y aguzada. En realidad, en la España de la época cualquier espada destinada a un uso de duelo y de vestir, acompañando a las vestimentas de un civil (o de un militar en traje civil), era denominada ropera, quedando por tanto fuera de esta denominación sólo las espadas puramente militares, de guarnición sencilla. Encontramos por tanto durante este periodo elaboradas guarniciones de lazo acompañando a hojas relativamente anchas, apropiadas para un uso tanto de punta como de corte, y aún estaremos frente a una espada ropera. Incluso a finales del siglo siguiente (ya hacia 1.660-80), cuando las hojas de fina sección cuadrangular o romboidal (llamadas verduguillos) son ya moneda común, algunas espadas civiles de hoja ancha volvieron a estar de moda en España, siempre montando guarniciones propias de auténticas espadas roperas.

Su reparto de masas y equilibrio desplazado con respecto a las roperas más tardías del siglo XVII derivan en una esgrima diferente sobre todo en lo que a la aplicación de la mecánica corporal se refiere, generando mayores inercias y un desarrollo mecánico más complejo, condicionado también por el mayor peso de algunas de estas armas.

Condiciona también su manejo la menor protección de las guarniciones de lazo frente a ataques de punta a la mano. Una guarnición de lazo está compuesta por los gavilanes (la cruz, propiamente dicha), largos y generalmente no muy gruesos, un guardamano en forma de arco que protege los nudillos, uno o dos anillos perpendiculares al plano de la hoja, y una serie de ramas que unen entre sí todos estos elementos por el anverso o zona exterior, y por el reverso o zona interior de la guarnición. No todos estos elementos deben estar necesariamente presentes, y por ello algunos autores clasifican este tipo de guarniciones como de cuarto de lazo, medio lazo, tres cuartos y de lazo entero, en función del número de estos elementos presentes. Esta guarnición, habitual entre 1550 y 1620, aproximadamente, tiene su origen en las guarniciones de patillas de finales del s. XV, y era realmente eficaz para parar cortes, pero en algunos casos la punta del rival podía introducirse entre los diferentes ramales y lastimar la mano que empuñaba el arma. Por ello solían usarse guantes de cuero relativamente gruesos al luchar con este tipo de espadas. No obstante, para muchos, entre los que me cuento, la elegancia, equilibrio y sencilla belleza de este tipo de guarniciones son con frecuencia simplemente insuperables, y son un digno exponente del arte renacentista.

Ropera Temprana S.XVI  (Espada  de Punta  & Corte )

ESPADA DE UNA MANO MEDIEVAL

La espada medieval tuvo su origen, a grandes rasgos, en las espadas Vikingas, que a su vez fueron un desarrollo de las espadas Romanas y Celtas (el estudio detallado de ésta evolución es por supuesto mucho más complicado). A la espada se la dota de una guardia más ancha y capaz de defender la mano del usuario con más efectividad, así como de servir como arma por sí misma, y una hoja más larga y puntiaguda que permite usar el arma tanto con cortes como con estocadas. Los pomos tienen variedad de formas, siendo las más comunes la de Hongo (“boletus”), Nuez de Brasil, Sombrero de Obispo, o Disco.

La Espada Medieval típica (Oakeshott tipos Xa, XI, XII, XIII) tiene una hoja casi invariablemente recta y de doble filo, de perfil lenticular achatado y con acanaladuras en ambos lados para aligerarla sin restarle resistencia. La longitud de la hoja varía entre 70 y 85cm, y ya está dotada de una punta capaz de atravesar casi todas las armaduras de la época, salvo quizá las cotas de mallas remachadas. El punto de equilibrio se aproxima más a la guardia, haciendo más fácil y fluido su manejo, a pesar de que su masa se incrementa hasta alcanzar un peso de entre 900 gramos y 1,3 Kg, Las empuñaduras siguen siendo cortas y para acomodar una sola mano, y por tanto estas armas también se usan casi siempre (incluso en el caso de la caballería) acompañadas de un escudo.

Como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, el desarrollo de las armas ha sido parejo al de las defensas, de modo que según avanza el medioevo, la forma de la espada evoluciona para tratar de contrarrestar el incremento en las defensas del guerrero profesional (que no del ocasional o forzoso, que se protegía como podía) y por tanto la forma de sus hojas deriva a un nuevo modelo en el que prima el poder dar fuertes estocadas antes que cortar. La cota de mallas se demuestra casi invulnerable ante los cortes de una espada, de modo que se desarrolla un tipo de hoja de forma triangular, ancha en la base y fina en la punta, con sección generalmente de diamante (4 mesas) y punta reforzada que permita atravesar esta defensa y reventar las anillas de las cotas de mallas (Oakeshott tipos XV, XVI y XVIIIa). Estas espadas, más macizas que los anteriores modelos, Suelen pesar algo más que las de perfil lenticular, pero la forma triangular de su hoja las suele hacer más fáciles y fluidas de manejar, puesto que al concentrarse la mayoría del peso en la zona más cercana a la empuñadura el punto de equilibrio está muy cercano a ésta, convirtiendo a estos modelos en los mejores en cuanto a manejabilidad. En este punto, existen ya muchos modelos de pomos, como los de disco, bola, cola de pescado, facetados, etc… Y la longitud de las empuñaduras en algunos casos se incrementa hasta terminar por crear otro subtipo de espadas, las Bastardas.

La Espada Medieval ha defendido el honor de los caballeros durante 500 años… y no dejará de existir, sino que evolucionará a nuevas formas acordes con los nuevos tiempos en los que ya se usa la pólvora en el campo de batalla.

Espada medieval y broquel

Espada medieval y broquel

Espada Medieval & Broquel

Espada medieval y broquel

Espadas Medievales & Broqueles

Espada medieval y broquel

BROQUEL

El broquel, es un pequeño escudo de portar que se usaba como arma complementaria a la espada.

Fue un arma muy común en toda Europa a lo largo de los siglos XIV, XV, XVI e incluso XVII. Se trata de un arma defensiva de uso civil, que fue normalmente asociada a guardaespaldas, bravos y aventureros. De ella proviene el término inglés “swashbuckler”, algo así como “agita broqueles” en referencia al ruido que hacía éste arma y que se utiliza hoy en día para catalogar a las películas de aventuras.

Su principal uso con las espadas medievales es la de protección de la mano de la espada, muy expuesta pese a la defensa que ofrece la cruz de la misma, y blanco prioritario cuando queremos desarmar a un oponente, resultando muy cómodo de llevar al cinto y muy versátil para la autodefensa. Además de poder deflectar golpes y permitir “entrar” al cuerpo a cuerpo de forma más segura, pudiendo usarse como arma contundente.

En España tuvo una gran aceptación como arma civil, siendo incluso más común esta combinación de armas durante los siglos XIV y XV que la espada de dos manos, cuando esta segunda era preponderante como arma de guerra en los campos de batalla, y como arma de portar en otras regiones de Europa. Ejemplo de que el contexto social y la moda son un fuerte factor condicionante en lo que a esgrima se refiere.

Constructivamente se hacían de madera, acero, cuero cocido reforzado con metal, e incluso de corcho (con la finalidad de trabar el arma contraria y usarlo como estrategia), variando enormemente en solidez y elaboración, de sencillas piezas caseras, a auténticas obras de orfebrería.

Existen referencias a éste arma complementaria en autores literarios tan tardíos como Quevedo o Cervantes. El tratado más importante de Espada Medieval y Broquel es el códice I-33, que se encuentra en la Armería Real de Leeds. Por otro lado, y dada la longevidad de éste arma encontramos fuentes para su uso en tratados de esgrima Italianos y Alemanes como Talhoffer, Ander Liegnitzer, Marozzo o Di Grassi. En la escuela española entra dentro de las armas dobles. Además, la espada y broquel era de las primeras armas de las que se examinaban los esgrimidores para la obtención del título de Preboste.

Espadas de una Mano y Broqueles

MONTANTE

El origen del Montante vamos a situarlo cronológicamente, hacia el último tercio del siglo XV, como evolución de algunas de las tipologías anteriores que determinarán una gran espada, cuya longitud de hoja supera fácilmente los 120 cm. Y para uso exclusivo del soldado de a pie. Esta tipología tendrá sus máximos exponentes durante el siglo XVI, siendo escasos los ejemplares de principios del XVII. Estas piezas presentan unas hojas de gran longitud y cuya anchura máxima oscila entre los 40-70 mm. En muchas ocasiones con uno o varios canales que recorren los tercios fuertes rebajando de esta forma su peso a la vez que añadiendo rigidez. Una de las características más llamativas en estas grandes espadas, es la existencia –no en todos los casos- de una cruceta o falsaguarda, situada en el tercio fuerte, y que tiene como misión, proporcionar un asimiento protegido, por delante de la cruz mejorando de esta manera el equilibrio del conjunto, en determinadas técnicas Esgrimistica. En otros casos, la existencia de un largo recazo suplirá la función de la mencionada cruceta. Seguirá manteniéndose la guarnición de cruz de gavilanes rectos, con la presencia ocasional de uno o dos puentes de guarda, adecuándose a las medidas y modas artísticas del momento, con empuñaduras no ya de dos manos, sino de hasta cuatro y cinco –si las hubiere-, y con grandes pomos para equilibrar todo el conjunto, que abandonando las formas discoidales, más comunes en el medievo, adoptarán formas esféricas, periformes, lobuladas etc. Más en la línea renacentista que nos ocupa. Aún con esto volvemos al hecho de tratarse de armas funcionales, con lo que rara vez excederán de los 3 Kg. de peso.

En la familia de los Montantes, existe una categoría que por sus peculiares características, merece especial atención, nos referimos, a los denominados “de Lansquenette” o “Zweihänder Schlachtschwerter” (Espadas de batalla de dos manos) por haberlos hecho famosos esta variopinta tropa de soldados mercenarios. Se trata de grandes espadones de origen suizo y germánico, que presentan exageradas hojas de longitud y anchura mayores que las citadas anteriormente, existiendo muestras de más de dos metros de longitud total, pero también en algunos casos con menor grosor de sección. Estas grandes hojas no mantienen un canon específico mostrándose tan anárquicas en su construcción como el propio espíritu de sus propietarios. Abundando las formas flamígeras, las grandes crucetas en forma de media luna, etc. Con guarniciones de cruz recta, cuya factura es más parecida a obras de rejería que a protecciones propiamente dichas.

Estos espadones, estaban concebidos para su uso exclusivamente a pie y servían para abrir paso entre las formaciones de piqueros, en el contexto de un ejército moderno. A diferencia de sus antepasados medievales, aquí si podemos hablar de una espada para un cuerpo determinado de Infantería, en este caso los Lansquenettes. Obviamente, debido a su diseño y construcción, se trata de espadas más pesadas que sus antecesoras, pero insisto en que la mayoría de ellas nos sorprendería por su ligereza en función de su tamaño, pues como dice un gran amigo y colega nuestro “eran antiguos, pero no idiotas…”

Espadas de una Mano y Broqueles

Espada de Mano & Media